
Esta frase valida emociones y fortalece el vínculo familiar. La crianza puede poner a prueba incluso al adulto más paciente. En momentos de berrinche, enojo o frustración infantil, el psicólogo Jeffrey Bernstein propone una solución simple, pero poderosa: una frase de solo ocho palabras que ayuda a calmar a un niño molesto.
“Veo que estás molesto. Estoy aquí para ti.”
Así lo reveló el especialista en comportamiento infantil a Psychology Today, asegurando que esta afirmación, aunque sencilla, tiene un profundo impacto emocional en los menores.
La frase tiene el poder de validar emociones, reforzar el vínculo afectivo y ofrecer un espacio seguro para que el niño se calme sin sentirse juzgado.
De acuerdo con Bernstein, esta herramienta verbal hace tres cosas esenciales al mismo tiempo:
- Reconoce los sentimientos del menor.
- Le asegura que no está solo.
- Crea un ambiente de calma y contención emocional.
Además, evita respuestas que suelen aumentar la tensión, como “¡cálmate!” o “estás exagerando”, frases que, aunque comunes, generan rechazo y desconexión emocional.
Cuando los niños se sienten escuchados y acompañados, su necesidad de lucha disminuye. La frase propuesta funciona porque transforma un posible conflicto en una oportunidad de cercanía.
Esta frase puede aplicarse en diferentes etapas de desarrollo:
- En niños pequeños: Usar tono suave, ponerse a su altura y mantener contacto visual.
- En edad escolar: Respetar su espacio, pero sin perder la conexión emocional.
- En adolescentes: Evitar confrontaciones. Expresar que estás presente, sin imponer soluciones inmediatas.
Para que esta estrategia sea efectiva, es importante tener en cuenta:
- Mantener un tono calmado y cálido.
- Utilizar lenguaje corporal adecuado: agacharse para hablar con los pequeños o simplemente estar cerca sin invadir.
- No esperar una reacción inmediata. A veces, el solo hecho de decirlo y retirarse permite que el mensaje haga efecto.
- Evitar buscar soluciones hasta que el menor se haya calmado.
- Un paso hacia la inteligencia emocional familiar
Aunque la frase no elimina por completo el enojo o la frustración, sí abre la puerta a la regulación emocional. Con el tiempo, los niños aprenden que sus padres no son enemigos, sino aliados incluso en los peores momentos.
Este tipo de herramientas también enseñan a los adultos a responder desde la calma y no desde la desesperación, sembrando así una relación más sólida y empática.
Habla en amor a ellos porque un día van a crecer y después se irán.
